miércoles, 7 de marzo de 2012

Buscando la verdad, aprendiendo: el legado de Jack Welch
Por Carlos Ruiz González*
En 1981 Jack Welch fue nombrado director general (CEO) de General Electric (GE), tenía 45 años. Se desempeñó en ese puesto por los siguientes 20 años y a decir de Peter Drucker fue, junto con Alfred Sloan, el legendario CEO de otro “General” (General Motors), el mejor director de empresa del siglo XX.
Los criterios para clasificarlo como tal mucho tienen que ver con los resultados obtenidos bajo su gestión como el cuadriplicar las ventas de GE, al lograr que rebasaran los 100,000 millones de dólares al año. Asimismo, hizo crecer las utilidades de la compañía. Para inicios del siglo XXI la empresa que dirigía Welch era la de mayor valor en el mercado, puesto que actualmente ocupa Apple.
¿Qué podemos aprender de Welch? Además de poseer los atributos de un buen director, como el ser un buen estratega que sabía trabajar en equipo, y que tenía la capacidad de elaborar con sus colaboradores una visión viable, también era un excelente desarrollador de capacidades, extraordinario operador, que ejecutaba sus planes concienzudamente, por lo que cuidaba rigurosamente de los detalles.
Durante sus años al frente de GE, incursionó en industrias y sectores en donde nunca habían estado y aun así su rendimiento fue muy bueno. Las tres habilidades mencionadas: estratega, constructor de capacidades y operador o ejecutor, son comunes a los buenos directores.
Welch sumaba una habilidad más: su interés y cuidado en la selección, capacitación, motivación, evaluación y seguimiento de las personas quizá por ello será recordado por quienes trabajaron con él.
Adicionalmente hay algunas peculiaridades que también distinguieron a su gestión:
1) Primero “arreglar la casa” luego, operarla. A pesar de que GE era una gran empresa y de que Welch sucedió al legendario Reginald Jones, el diagnóstico que hizo al iniciar sus labores como CEO le permitió detectar algunos problemas en la estructura y actuar en consecuencia; a grosso modo esto caracterizó los primeros 10 años de su gestión, lo siguientes se dedicó más al desarrollo de las personas, a encontrar a quienes habrían de operar la casa y prepararlos para ello.
2) Dedicarle mucho tiempo a las personas, volverlas su principal ventaja competitiva. Como ya lo había mencionado, esto era la única manera (y una muy difícil) de ingresar a nuevas industrias, hasta entonces desconocidas. Welch se fijaba no solo en la “efectividad” de las personas, es decir, que dieran resultados, también ponía especial atención en que estas comulgaran con los principios y valores de GE.
3) No tener miedo de innovar, de apoyar a los creativos, aunque esto implicara que se tuviera que desafiar el status quo; no ser temerosos de lidiar con la burocracia. En el mensaje de despedida que Welch dirigió al equipo directivo fue muy claro en uno de los puntos de cierre: “Hay que odiar a la burocracia”.
4) Aprender o ser capaz de corregir y de enmendar siempre buscando la verdad. En su primera etapa, como ya mencionamos, Welch “arregló” la empresa, pero luego se percató de que necesitaba personas extraordinarias, por ello se dio a la tarea de conseguirlas y retenerlas. En estas dos facetas fue capaz de cambiar, primero, su manera de hacer las cosas, sus objetivos y solo así pudo lograr el cambio deseado en la organización.
5) Insistir en la realidad, en conocerla tal cual es, en ver las cosas como son, no como quisiéramos que fueran. Siempre, y especialmente en el momento de diagnosticar, Welch fue muy realista. Drucker decía que por eso había elegido a Welch (cuando le preguntaron quiénes eran los directores más brillantes del siglo XX) y afirmó que el CEO de GE “siempre vio las cosas tal cual eran, no pretendió verlas como quisiera que fueran”.
6) Lograr que las personas se plantearan objetivos audaces, retadores, que implicasen esfuerzo, tanto para aprender, como para desarrollar habilidades, (por eso les llamaba strech), es decir, trataba de “estirarse”, de lograr más. Welch no medía a sus colaboradores por “cumplir haciendo más de lo mismo” sino por proponerse cosas difíciles, audaces… y lograrlas.
Han pasado más de 10 años desde que Welch dejó la dirección de GE. Hoy, a sus 75 años, sigue dando conferencias y escribiendo, aunque quizá su mayor legado sea el ejemplo de insistir en la realidad, de buscar la verdad, de aprender siempre y de mejorar constantemente.
* El autor es Profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) y Director del Programa de Alta Dirección (AD-2) de IPADE Business School.

martes, 6 de marzo de 2012

Las Estrátegias de Inversión y las etapas de la vida


Credito:

Joan Lanzagorta*



Ya en la primera parte hablamos de cómo la etapa de vida que estamos viviendo, así como las necesidades que surgen de ella influyen de manera determinante en la forma en que debemos invertir nuestro dinero. Algunos de los periodos más comunes por los que muchos tendremos que transitar son:

1 Cuando estamos estudiando. En esta etapa pocas veces nos surge la necesidad de ahorrar, a menos que tengamos que hacerlo para obtener un bien tal como un automóvil o un reproductor de mp3, por ejemplo. Sin embargo, es muy importante que desde este momento nos empecemos a formar una disciplina de ahorro, independientemente de las necesidades que tengamos. Una forma de hacerlo consiste en separar 10% de lo que recibimos y guardarlo en una alcancía o en una cartera dentro de un cajón. Después de un poco de tiempo, veremos que hemos logrado una suma respetable.

2
Cuando salimos de la universidad y encontramos nuestro primer trabajo. En esta etapa es muy importante hacer dos cosas:

a) Comenzar a construir nuestro fondo para emergencias.

b) Establecer nuestro propio fondo para el retiro con contribuciones mensuales (no importa qué tan pequeñas sean, pero para formarnos el hábito). Esto es primordial en esta etapa: mientras más pronto lo hagamos más disciplina tendremos, ya que estaremos siempre acostumbrados a esto y a no disponer, por ningún motivo, de esta parte de nuestro ingreso.

Si nuestro salario lo permite, es bueno destinar 10% del mismo a cada objetivo (es decir, 20% en total). Si no es posible, entonces por lo menos destinar la décima parte a ambos objetivos (5% para el primero, hasta que tengamos un fondo para emergencias que cubra entre tres y seis meses de nuestro gasto neto mensual y 5% para el segundo).

3 Cuando obtenemos nuestra primera promoción o incremento sustancial en el salario (por arriba de la inflación). En este momento es importante no perder la cabeza y continuar invirtiendo para los dos objetivos anteriormente señalados. El excedente lo podemos invertir para un tercer objetivo: ahorrar para comprarnos un coche o para el enganche de un departamento. Es importante que no gastemos el excedente en incrementar sustancialmente nuestro gasto–nivel de vida. Aún no es tiempo: la paciencia premia y lo hace en grande.

4 Cuando tenemos planes de boda. Esto en sí mismo se convierte en un objetivo de inversión. Es importante hablar con nuestra pareja: definir juntos qué tipo de boda queremos, cuánto cuesta, en cuánto tiempo queremos casarnos, etcétera. Después, determinar cuánto puede contribuir cada quién a ese objetivo. Es importante no olvidar guardar un capital para comenzar con algo y no gastar todo en la fiesta o en la luna de miel.

5 Cuando queremos tener un hijo. Con esa decisión necesariamente tenemos que modificar nuestro gasto. Es decir, desde el inicio de un embarazo debemos comenzar a comprar ropita, mamilas, etcétera. Y también separar el dinero que tendríamos que usar para pañales, alimentos, entre otras cosas. De esta forma, el impacto no será tan fuerte. Al momento de que el pequeño nazca, es importante pensar en garantizar su educación a través de un seguro educacional o un plan de ahorro e inversión establecido para tal efecto, complementado desde luego con un seguro de vida para proteger los objetivos de nuestra familia a mediano plazo.

6 Un cambio en nuestra situación laboral. Si la empresa en la que laboramos decide prescindir de nuestros servicios, en ese momento es muy importante reducir al mínimo nuestros gastos discrecionales. Paremos las contribuciones a nuestro ahorro para el retiro, recortemos cosas como televisión satelital o comidas en restaurantes. Un buen fondo para emergencias puede ayudarnos ya que si tenemos dinero suficiente en él, podríamos invertir parte de nuestra liquidación en un negocio propio.